Los satélites de Júpiter: IO, el satélite de fuego PDF Imprimir E-mail
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Lunes, 08 de Octubre de 2007 16:41

El último de los prejuicios geocéntricos se desvaneció en la primavera de 1979, cuando la sonda de la NASA Voyager 1 pasó a menos de 20 km de Ío, el más interior de los cuatro satélites de Júpiter descubiertos por galileo en 1610.

Estaba tan arraigado el convencimiento de que el único planeta del sistema solar gológicamente vivo, es decir, sacudidoLinda Morabito todavía por una intensa actividad tectónica y volvánica, era el nuestro, que los científicos estadounidenses tardaron cierto tiempo en comprender lo que estaba sucediendo ante sus propios ojos en la superficie de aquel pequeño y lejano mundo, aun cuando las imágenes revelaban signos evidentes de un vulcanismo desaforadamente activo. De hecho, la prueba directa de que se estaban produciendo erupciones se obtuvo sólo unas semanas después del paso de lasonda, gracias al descubrimiento casi casual de Linda Morabito, ingeniera de la NASA, dedicada al meticulos análisis de todas las imágenes recibidas. El retraso no impidió la reprogramación de la sonda gemela Voyager 2 para que pudiera obtener la confirmación de los datos cuatro meses más tarde, cuando también ella pasara por el sistema de Júpiter.

La superficie de Ío se renueva 

A diferencia de los otros tres satélites de Júpiter descubiertos por Galileo (Europa, Ganimedes y Calixto), la superfice de Ío presenta una coloración violenta y contrastante: del rojo al anaranjado y del verde al blanco. Además, no presenta trazas del poderoso bombardeo de meteoritos que, en cambio, ha acribillado la superficie de Calixto por ejemplo.

Io el satelite de fuego

¿Es posible que los meteoritos hubieran evitado deliberadamente la superficie de Ío? ¿De dónde proceden los volcanes de Ío? ¿Cuál es la composición de este satélite?

Para que las huellas desaparecieran era preciso que interviniera algún proceso de rejuvenecimiento de la superficie que, sin embargo, no podía ser la erosión producida por las corrientes de agua ni la del viento, los dos fenómenos que modifican continuamente la corteza de nuestro planeta.

De hecho, a la distancia que se encuentra Ío del Sol, el agua (suponiendo que la hubiera, pero no la hay) estaría helada y no podría fluir; además, la atmósfera es muy tenue y el viento no tendria fuerza suficiente para modificar las características superficiales.

Calderas en erupción en Ío

El heho de que el agente remodelador fuera el vulcanismo tenía que haberse comprendido por otros dos elementos. El primero era la elevada frecuencia de estruturas topográficas oscuras con lenguas radiales de colores diversos, que recuerdan inmediatamente a la forma de los cráteres volcánicos expulsando lava. Se han contado por lo menos 200 de estas calderas volcánicas, distribuidas sobre todo en torno a la región ecuatorial. La medida de la intensidad de esta actividad eruptiva puede darla la compración con nuestro planeta, que, aunque mucho más grande, presenta apenas una décima parte de formaciones similares.

El segundo elemento son las temperaturas. En el centro de las calderas hay máximas de 400ºC por encima de la temperatura media de la superficie de Ío, y en sus alrededores se suelen observar extensas regiones oscuras, mucho más calientes que las llanuras normales de color anaranjado del satélite. probablemente se trata de lagos de lava en proceso de enfriamiento.

En las imágenes del voyager 1, com decíamos, tenemos la prueba directa de una actividad volcánica todavía en desarrollo.

En efecto, la sonda captó varias calderas justo sobre el borde del satélite, y en ellas los vapores de las erupciones destacaban claramente sobre el fondo oscuro del cielo. De la altitud de los conos volcánicos se deduce la velocidad de expulsión de los gases, que es diez veces superior a la media de los volcanes terrestres.

Se ha comprobado así mismo que la actividad suele ser constante, atendiendo a pequeñas escalas temporales; así pues, se trata de emisiones a intervalos regulares, más que de bruscas erupciones explosivas.

Al cabo de cuatro meses, se notaban ya las diferencias. De los ocho volcanes activos captados por el voyager 1, sólo seis seguían expulsando material. También la forma de las regiones oscruas alrededor de las calderas había cambiado.

De los índices de actividad medidos por los Voyager se deduce que el material expulsado a la superficie cada año sería suficiente para cubrir todo el satélite de una capa de 1/100mm de grosor. La lava contiene compuestos de azufre, sobre todo dióxido de azufre, que confiere al satélite su color característico.

Volcan en Ío

En esta imagen se puede apreciar uno de los penachos de material que provocan los volcanes de Ío. El primer volcan descubierto en Ío fue bautizado como Pelé y fue descubierto gracias a las imágenes de la Voyager 1.

El material expulsado se eleva hasta 300km por encima de la superficie del satélite. Segun se cree, las fuentes de la energía volcánica son, por un lado, las mareas provocadas por Júpiter en la superficie de Ío  por otro, la singular órbita excéntrica que el satélite se ve obligado a describir por las interacciones gravitaciones con los otros satélites. La energía se difunde en el interior de Ío y lo mantiene parcialmente fundido, sobre todo en el estrato subsuperficial, particularmente rico en compuestos de azufre y silicatos. 

Stanton Peale tenía razón

Aquí, en la Tierra, el calor interno que alimenta el vulcanismo es suministrado por la desintegración de los núcleos radiactivos. Pero Ío es un cuerpo pequeño y no dispone de suficiente material. Era indispensable encontrar otro mecanismo. Pues bien, pocos meses antes de que el Voyager llegara a Júpiter, el astrónomo estadounidense Stanton Peale publicó una investigación en la que señalaba que las fuerzas de marea provocadas por júpiter en el pequeño satélite, combinadas con las perturbaciones orbitales inducidas por los satélites vecinos, Europa y ganimedes, producían contínuas deformaciones en la corteza de Ío que, por fricción, podían transferir a los estratos internos una energía muy superior a la liberada por los radioisótopos. Peale estaba tan seguro de sus conclusiones que se arriesgó a formular una previsión: dijo que los Voyager descubrirían volcanes activos en Ío. 

 

Última actualización el Viernes, 25 de Abril de 2008 09:59