Las nubes de Oort y Kuiper PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 16 de Septiembre de 2007 07:41

Todos los cometas están condenados a morir: después de varios cientos de pasos por el sistema solar interno, su reserva superficial de hielos y sustancias volátiles acaba por agotarse.

Cuando esto sucede, el cometa se desintegra completamente, formando un enjambre de partículas meteóricas, o bien queda cubierto por un estrato oscuro de rocas y polvo, térmicamente aislante, que en un principio deja expuestas restringidas regiones activas (como observó la sonda Giotto en el núcleo del cometa Halley) y que al cabo de cierto tiempo inhibe toda actividad, determinando que el cometa resulte indistinguible de un pequeño asteroide.

Pero si la vida activa de los cometas se reduce a unos miles o tal vez a unas decenas de miles de años, ¿cómo es posible que siga habiendo cometas miles de millones de años después de la formación del sistema solar ?


Es necesario postular la existencia de alguna “reserva” de cometas”, que envía continuamente este tipo de objetos hacia la región de los planetas internos. Una hipótesis bastante plausible sobre la localización de esta “reserva” ha sido la propuesta en 1950 por el astrónomo holandés Jan Oort, que ya era conocido por sus estudios sobre la dinámica de la Vía Láctea. Oort analizó la distribución de las energías orbitales de los cometas, es decir, la intensidad del vínculo gravitatorio entre estos objetos y el Sol .

En el caso de los cometas que atraviesan las órbitas de los planetas externos, las interacciones con estos últimos deberían determinar la expulsión hacia el espacio interestelar de muchos de estos astros con cabellera, dejando a los escasos supervivientes con una distribución de energías completamente “plana”, desprovista de valores preferentes.

Sin embargo, Oort observó que los cometas reales no presentaban este comportamiento. De hecho la distribución de las energías presenta un máximo muy evidente para valores cercanos a cero, pero ligeramente positivos, correspondientes a semiejes mayores de las órbitas heliocéntricas entre 20.000 y 50.000 veces mayores que el terrestre.

 Nubes de Oort y Kuiper


A estas distancias del Sol, del orden de un año luz, la influencia gravitatoria de nuestra estrella, aunque débil, sigue siendo dominante en comparación con la de las estrellas vecinas. Oort llegó a la conclusión de que esta enorme región podría ser la “reserva” de cometas postulada teóricamente.

Para producir el aporte observado de cometas “nuevos”, tenía que contener una cantidad de población de núcleos cometarios “congelados” cercana al billón. Aun así, el espacio disponible era tan vasto, que la densidad de la nube de Oort permanecía baja.

Estrellas de paso

Oort propuso además un mecanismo capaz de enviar continuamente hacia el sistema solar interno una pequeña fracci´no de los cometas orbitantes en el seno de la nube. En efecto, los tránsitos casuales de otras estrellas de la Vía Láctea junto a los límites externos de la nube, producidos entre 5 y 10 veces por cada millón de años, pueden alterar las órbitas de los cometas, haciendo posible que por azar algunos de estos objetos alcancen una velocidad orbital dispuesta casi exactamente en la dirección del Sol y provocando su “caída” hacia nosotros.

A fines de los años 50, los astrofísicos rusos O. Schmidt y V.S. Safronov propusieron una idea para explicar el origen de la nube de Oort, en el marco de la teoría nebular de formación del sistema solar. Según ellos, Urano y Neptuno, en la fase final de su proceso de formación a partir de una miríada de planetésimos helados, expulsaron inevitablemente hacia los confines externos del sistema solar una fracción significativa de los planetésimos presentes en su región, que de vez en cuando regresan a las regiones internas del sistema solar como cometas “nuevos”.

Los cometas de periodo corto

Pero la historia no concluye aquí. En 1951, G. Kuiper comprobó que cuanto más breve es el periodo de un cometa, más elevada es la probabilidad de que su movimiento se desarrolle en sentido directo y no en sentido retrógrado. La gran mayoría de los cometas de periodo corto (menos de 200 años) que conocemos presentan movimiento directo y poseen pequeñas inclinaciones con respecto a las órbitas planetarias.

Kuiper propuso la idea de que esta disposición no depende tanto de la interacción dinámica con los planetas, como del hecho de que estos cometas proceden de una fuente diferente de la Nube de oort (donde las órbitas presentan una distribución aproximadamente isótropa, es decir, en todas las direcciones). Según Kuiper, es razonable pensar que en el exterior de Neptuno existe un “cinturón de cometas” análogo al cinturón de asteroides, formado por los planetésimos de la región más externa de la nebulosa planetaria, que nunca llegaron a agregarse en un planeta. Esta nube de Kuiper tendría una población diez veces mayor que la de la región más externa de la nebulosa planetaria, que nunca llegaron a agregarse en un planeta. Esta nube de Kuiper tendría una población diez veces mayor que la de la nube de Oort y se parecería a los discos de material orbitante descubiertos alrededor de estrellas como Vega o beta Pictoris.

Además de enviarnos cometas de periodo corto, la nube de Kuiper desempeñaría otro papal importante: el de repoblar la nube de Oort cuando la población de esta queda drásticamente reducida por un tránsito estelar a través de su extensión o como consecuencia del encuentro con una gran nube molecular interestelar. Estos acontecimientos, además de expulsar hacia el espacio numerosos cometas, resultarían eficaces para redistribuir de manera casual sus órbitas.

También es probable que provoquen en el sistema solar interno “cascadas de cometas”, que podrían determinar periodos de intensos “bombardeos” sobre la superficie de los planetas con consecuencias fácilmente imaginables para la evolución geológica y biológica en la Tierra.

Última actualización el Domingo, 07 de Octubre de 2007 12:15