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Los pequeños trucos que permiten obtener el máximo del instrumento disponible. Lo primero: Maximizar la estabilidad de nuestro instrumento
Todos los instrumentos capaces de buenas prestaciones deberían tener ante todo un soporte y una base perfectamente estables. Si la montura no es suficientemente robusta, conviene separar todo lo posible las patas del trípode situándolo a la altura mínima. Esta medida implica cierta incomodidad para la observación, pero ofrece mayor estabilidad. El instrumento debe estar equilibrado tanto en ascensión recta como en declinación, de lo contrario los movimientos micrométricos se vuelven duros en un sentido y proceden a saltos en el otro. Es recomendable situar el telescopio de forma estable, añadir unas tablillas de cartón o de goma bajo las patas del trípode puede ayudar a minimizar las vibraciones. Para una visión correcta
Para abarcar todo el campo, el ojo debe coincidir con la pupila de salida, lo cual es más fácil de lograr con la vista adaptada a la oscuridad. Para ello bastan 15-20 minutos transcurridos en la oscuridad sin sufrir ningún deslumbramiento. Aún así, la sensibilidad sigue aumentando gradualmente incluso después de media hora.
Con el ojo adaptado a la visión nocturna, el fondo del cielo en el campo del ocular ya no aparece negro, sino gris oscuro, y es posible distinguirlo del contorno negro y netamente definido del campo del ocular.
 | Una vez que tengamos la vista adaptada a la oscuridad, al mirar por telescopio, distinguiremos claramente el fondo del cielo (gris) del campo del ocular (negro). Esto es porque realmente el cielo no es completamente negro al contrario de lo que se pueda pensar y además la contaminación lumínica, por poca que haya siempre va a teñir con algo de luz la imagen que nos ofrece el telescopio. Imagen: Cofradía astronómica |
El observador novato suele colocar el ojo demasiado lejos del ocular, pero al cabo de un tiempo se acostumbra instintivamente a acercarse, cuando se necesita abarcar todo el campo con la vista. El ojo debe estar bastante cerca de la lente, como a un dedo de distancia, para poder ver correctamente.
Quienes llevan gafas no siempre deben quitárselas. Sin embargo, los présbites y los hipermétropes pueden conseguir una visión perfecta haciendo que la imagen se forme muy lejos o en el infinito.
Los miopes, si no llevan gafas, tienen que sacar un poco hacia afuera el ocular.
Otros defectos de la visión, como el astigmatismo, exigen el uso de las gafas, cuya presencia no supone grandes molestias si se utiliza un ocular de gran extracción pupilar o si se emplea uno de distancia focal más larga junto con una lente de Barlow.
Otra forma de no cansarse durante la observación consiste en tener los dos ojos abiertos. Al principio puede parecer difícil, pero al cabo de cierto tiempo uno se acostumbra y aprende a concentrarse únicamente en lo que ve el ojo situado ante el ocular. Para facilitar la operación, resulta útil colocar un cartón oscuro delante del otro ojo. Incluso puede usarse una mano libre para tapar la visión del ojo que no se esté usando para mejorar la visión.
Si el lugar está muy contaminado lumínicamente o tenemos luces cercanas molestas, un truco algo ridículo pero bastante efectivo consiste en cubrirse la cabeza con una camiseta o jersey oscuros como si fueras un fotógrafo antigüo. Eso ayuda a que el ojo no recoja información de las luces parásitas que tenga alrededor. Buen uso del telescopio
Durante los meses más fríos, hay que sacar el telescopio al aire libre por lo menos media hora antes de iniciar las observaciones, ya que al principio el cambio de temperatura limita las prestaciones del instrumento. Este efecto es menos notorio en refractores, mientras que en reflectores y otro tipo de ópticas es mas acusado.
En las mismas condiciones, al llevarlo de vuelta al interior, las ópticas se empañan. En estos casos no es preciso secar las lentes o los espejos, sino esperar a que la humedad se evapore y sólo entonces y si es realmente necesario, limpiar el polvo con un pincel suave o paños especiales para ópticas de este tipo. No hace falta decir que no conviene observar a través del cristal de una ventana, ya que la calidad óptica de estos cristales ni si quiera puede compararse con la de los elementos de un telescopio. Aun así, por simple curiosidad, se puede hacer la prueba, aunque sólo sea para convencerse de lo mucho que puede perturbar las observaciones un cristal común.
Los aficionados que poseen un instrumento desprovisto de movimiento horario y que vibra o se tambalea cuando se hace girar la ruedecilla de los desplazamientos micrométricos encuentran útil llevar el objeto fuera de campo, de forma que los segundos necesarios para que le instrumento se estabilice coincidan con los empleados por el astro para entrar en el campo. De esta forma, todo el tiempo del paso por el campo es provechosos para la observación, a excepción de las posiciones más cercanas a los bordes.
Durante la noche la disminución de la temperatura puede hacer variar la distancia focal, especialmente en los reflectores, lo cual obliga a enfocar varias veces (con el mismo ocular) a intervalos de algunas decenas de minutos. para algunos aficionados resulta relajante variar ligeramente el enfoque al cabo de cierto tiempo, aun cuando la distancia focal del objetivo permanezca invariable.
Sugerencias casi superfluas
Algunas sugerencias pueden parecer superfluas o triviales, pero la experiencia enseña que no lo son.
Por ejemplo, durante la noche hay que pensar en el abrigo, incluso en algunas noches de verano. Parece obvio, pero muchos aficionados salen ligeros de ropa y vuelven a casa al cabo de un rato, ateridos, interrumpiendo o terminando antes de tiempo las observaciones proyectadas.
Es evidente que para observar hay que estar quito y que la inmovilidad acentúa la sensación de frío. Convienen llevar guantes y calcetines de lana.
Asumir una postura cómoda es casi tan importante como protegerse contra el frío. No es posible prolongar un estudio delicado y atento cuando se está agachado bajo el instrumento o en una postura de contorsionista. Muchas veces hace falta muy poco para lograr una postura cómoda: una tumbona, un taburete, un par de cojines o un sencillo prisma cenital.
En los meses más calurosos, la agradable temperatura nocturna puede verse contrarrestada por la presencia de insectos. En este caso conviene pensar en un producto repelente para los mosquitos.
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