La observación de Mercurio PDF Imprimir E-mail
Usar puntuación: / 12
MaloBueno 
Martes, 04 de Septiembre de 2007 07:50

Se cuenta que en su lecho de muerte, el gran Copérnico se lamentaba de no haber podido ver nunca a Mercurio, a causa de las nieblas que se levantaban del Vístula. Es posible que la historia sea inventada, pero indica lo difícil que resulta observar este pequeño y elusivo planeta.

La dificultad para contemplarlo reside esencialmente en su gran proximidad al Sol, del que Mercurio nunca dista más de 28º. Los mejores periodos coinciden las las mayores elongaciones, es decir, las máximas distancias angulares con respecto al Sol; en las orientales, el planeta se ve por la tarde al oeste, y en las occidentales, por la mañana al este. Mercurio puede llegar a brillar más que Sirio; sin embargo, cuando pasa entre nosotros y el Sol, su luminosidad alcanza valores muy bajos. En general, su magnitud varía entre un máximo de -1,8 y un mínimo de +5. Durante las elongaciones máximas, se sitúa en torno a 0.

Mercurio fotografiado a f8
Fotografía: Astronomía Sur

Para poder observarlo a simple vista, es preciso que el planeta salga o se ponga con una diferencia de tiempo de al menos una hora y media con respecto al Sol, y aun así, todo depende en gran medida de la transparencia del cielo cerca del horizonte.

Pero cuando se dan las condiciones favorables, Mercurio puede brillar como un astro magnífico, por lo que no es sorprendente que fuera conocido desde la antigüedad. Para distinguirlo entre las luces del crepúsculo, hay que esperar por lo general entre 40 y 45 minutos desde la puesta del Sol, y otro tanto antes de la salida del Sol, cuando se observa al amanecer.

Contemplado a simple vista, presenta ya su característico color amarillo anaranjado, acentuado por la cercanía al horizonte, que tiene tendencia a enrojecer ligeramente todos los cuerpos celestes.

Mercurio en el cielo al atardecer
Fotografía. Astrofotoweb


La observación con telescopio


Visto a través del telescopio, Mercurio sigue siendo un astro “difícil”. Observarlo en el crepúsculo supone dirigir el instrumento hacia las proximidades del horizonte, donde las imágenes quedan considerablemente distorsionadas por los densos estratos de aire que la luz debe atravesar antes de llegar a las lentes.

Fase de Mercurio

Por lo tanto, de ser posible, es preferible contemplarlo de día, cuando a pesar de la presencia del Sol sobre el horizonte su imagen es mejor que al alba o al atardecer.

Sin embargo, para observarlo de día es preciso ante todo localizarlo sin poder contemplarlo a simple vista. Esto sólo es posible con instrumentos equipados con círculos horarios y bien estacionados o bien con el eje polar dirigido de manera precisa hacia el polo.

Pero ni siquiera así resulta fácil contemplar el planeta, ya que Mercurio contrasta muy poco con el fondo luminoso del cielo. En condiciones medias, el planeta resalta cuando tiene magnitud negativa y dista por lo menos 14 o 15º del Sol. Mediante filtros de contras de de color amarillo o anaranjado es posible mejorar su visibilidad contra el fondo azul del cielo. (Fotografía de Javier Ruiz ).

De acuerdo con el observador estadounidense W.H. Haas, muchos afirman que la mejor observación de los detalles de Mercurio se obtiene en condiciones intermedias entre las horas diurnas y las de salida o puesta del Sol. En otras palabras, contrariamente a lo que podría esperarse, en un cielo muy oscuro no facilita la percepción de los detalles del planeta.

Las horas más favorables son, por lo tanto, las inmediatamente posteriores a la salida o las inmediatamente anteriores a la puesta del Sol.


Para ver las fases


En general, sin embargo, a través del telescopio casi sólo es posible distinguir la fase de Mercurio a causa de su pequeño diámetro aparente, que varía entre 4,7 y 12,7”. Cuando elplaneta se encuentra a cierta distancia del Sol, es decir, en condiciones de observabilidad, su diámetro se sitúa entre 6 y 9”, lo cual significa que la Luna nos parece entre 310 y 207 veces mayor. Así pues, es preciso disponer, por término medio, de un telescopio con 260 aumentos para ver las fases de Mercurio tal como vemos las de nuestro satélite a simple vista.

Evidentemente, con estas premisas, las probabilidades de distinguir eventuales detalles en la superficie del planeta son más bien reducidas. De hecho, sólo con instrumentos muy buenos es posible observar los débiles matices que de vez en cuando se registran.

Última actualización el Viernes, 25 de Abril de 2008 09:56