| Meteoritos de Marte |
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| Domingo, 10 de Febrero de 2008 09:26 | |||
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En los últimos veinte años se han hallado allí decenas de miles de nuevos meteoritos, que han sido analizados y catalogados por los investigadores de las expediciones científicas japonesas y estadounidenses.
El descubrimiento más fascinante e inesperado de estas investigaciones es que, con toda probabilidad, algunos tipos raros de meteoritos basálticos no proceden del sistema asteroidal ni de otros pequeños cuerpos del sistema solar, sino del planeta Marte. Así pues, disponemos en la Tierra de muestras del suelo marciano, mucho antes de que nos las traigan las misiones espaciales al planeta rojo preparadas expresamente con ese fin.
La mayor parte de los meteoritos petrosos clasificados como acondritas basálticas tienen un origen de tipo volcánico, que se pierde en los albores de la historia del sistema solar. Su edad, calculada con los métodos de datación radiactiva, es de unos 4.500 millones de años. Pero una pequeña subclase de estos meteoritos, indicada con la sigla SNC, de las iniciales de los nombres shergottitas, nakhlitas y chassignitas, que a su vez derivan del nombre de las localidades donde se hallaron los primeros ejemplares, tienen una edad de cristalización de apenas 1.300 millones de años. Así pues, las rocas de las que derivan estos meteoritos deben de haber sido expulsadas por algún volcán en tiempos relativamente recientes en la historia del sistema solar.
Las shergottitas tienen otra peculiaridad: en su interior se aprecian inclusiones vitrosas negras, derivadas de la repentina fusión y solidificación de algunos de los minerales presentes, cuya edad no supera los 180 millones de años. Puesto que estas transformaciones sólo son posibles a presiones elevadas, como las generadas por un impacto a alta velocidad, es natural pensar que las shergottitas, generadas por una erupción volcánica hace 1.300 millones de años, fueron expulsadas del cuerpo-madre hace tan sólo 180 millones de años, por efecto de un impacto violento.
EETA 79001
Numerosos indiciones hacían pensar que las shergottitas podían proceder de Marte: su composición isotópica es diferente de la de los basaltos terrestres; su paleo-magnetismo es bastante reducido, lo cual indica un cuerpo-madre prácticamente desprovisto de campo magnético, y los minerales presentes son muy similares a los revelados en el análisis in situ por las dos sondas Viking. Pero las pruebas decisivas llegaron con la shergottita antártica denominada EETA 79001. Hallada a fines de 1979, pesa casi 8 kg y tiene unas dimensiones de alrededor de 20 cm.
En la superficie externa se observan claramente signos de fusión por la fricción producida durante el paso por la atmósfera terrestre.
En todas las partes vitrosas hay burbujas de gases inertes atrapados, presumiblemente absorbidos en el momento de la formación de las inclusiones; los análisis han revelado que tanto las proporciones relativas de estos gases como las composiciones isotópicas - es decir, las relaciones entre las diversas formas que puede asumir un elemento según su peso atómico- tienen valores muy diferentes de los terrestres y prácticamente idénticos a los de la atmósfera marciana analizada por los Viking.
Según han revelado las relaciones isotópicas observadas en Marte, a causa de la baja gravedad del planeta los isótopos más pesados de los gases "ligeros" tienden a ser más abundantes que en la Tierra, propiedad que comparten los gases atrapados en el meteorito.
Es bien sabido que en la superficie de Marte no faltan los grandes volcanes, que probablemente permanecieron activos durante miles de millones de años después de la formación del planeta.
Aunque la edad absoluta de estas estructuras es difícil de establecer, el valor de 1.300 millones de años parece verosímil. En cambio resulta más difícil explicar que un impacto haya podido expulsar de la superficie de Marte fragmentos de roca con una velocidad superior a la velocidad de fuga, que es de 5 km/s en el planeta rojo.
Normalmente, los fenómenos de tipo explosivo producen velocidades máximas de algunos cientos de metros por segundo; es imposible alcanzar valores superiores, porque la roca se pulveriza o incluso se vaporiza si la densidad de energía supera cierto límite. Un valor de varios kilómetros por segundo exige pensar, por lo tanto, en un acontecimiento muy especial: por ejemplo, un impacto casi tangente sobre un terreno rico en permafrost, es decir, con abundante hielo atrapado bajo la superficie. En general, los impactos oblicuos transfieren major a los fragmentos la energía cinética del proyectil; por otra parte, la vaporización del hielo podría haber producido chorros gaseosos capaces de imprimir una aceleración aún mayor a algunos fragmentos.
También caen meteoritos de la Luna
En 1981, también en la Antártida, se descubrió el primer meteorito de procedencia lunar. Se trata de una roca de 32 g, denominada ALHA 81005, cuya estructura interna es la típica de las muestras lunares recogidas por los astronautas de las misiones Apolo. Es sumamente rica en anortosita, un mineral muy común en las altiplanicies lunares, pero bastante raro en la Tierra y en los meteoritos en general. También las relaciones de abundancia entre los diversos elementos y entre los diferentes isótopos del oxígeno indican de forma muy clara que se trata de un fragmento de la corteza lunar. En los años posteriores se han hallado nuevos meteoritos lunares en la Antártida.
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A partir de los años 70, los hielos de la Antártida se revelaron como un auténtico filón para los buscadores de meteoritos. En efecto, los meteoritos caídos sobre la blanquisa durante decenas de miles de años han sido arrastrados por el lento movimiento de los glaciares y han acabado por acumularse en algunas zonas privilegiadas.
¿Cómo era posible que existieran meteoritos procedentes de Marte, y no de la Luna, que está más cerca de nuestro planeta y tiene un campo gravitatorio más débil?




