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Las galaxias, esas enormes agrupaciones de miles de millones de estrellas o “universos-isla”, han provocado más de una decepción, cuando después de admirar las reproducciones fotográficas los aficionados tratan de observarlas visualmente. Cualquiera que tenga ocasión de contemplar una galaxia a través de un gran telescopio profesional experimentará probablemente una gran desilusión.
¿Dónde están los brazos espirales, las regiones azules y las estrellas resultas individualmente? En realidad, la luminosidad superficial de las galaxias es muy tenue y por desgracia, solo la fotografía o los sistemas electrónicos son capaces de revelar estos objetos en toda su extraordinaria riqueza.
Como se ven a simple vista
Desde nuestras latitudes, aparte de la vía Láctea, la única galaxia seguramente observable a simple vista es M31 (sólo desde cielos un poco oscuros), más conocida como la Gran Galaxia de Andrómeda. En condiciones de observación buenas, pero no excepcionales aparece como una mancha difuminada, una especie de débil lucecita vista a través de una cortina oscura.
En condiciones excepcionalmente nítidas, también es posible distinguir a simple vista M33, la galaxia del Triángulo.
M33, la galaxia del triángulo tiene un aspecto similar a este a través del ocular del telescopio de aficionado. Pueden llegar a distinguirse detalles, pero únicamente una observación concienzuda y paciente ayudará a conseguirlo. Mikeoates.org Las más llamativas son, sin embargo, las Nubes de Magallanes, dos pequeñas galaxias satélites de la nuestra, que sólo se ven desde latitudes mucho más meridionales y, en particular, desde el hemisferio austral, ya que se encuentran muy próximas al polo sur celeste. Estas dos galaxias se utilizan incluso para localizar el polo sur celeste. En el firmamento, parecen trozos separados de la vía Láctea y apenas se reconoce en ellos la forma conocida por las fotografías. la Gran Nube es visible aunque el cielo no sea muy límpido, pero la pequeña requiere buenas condiciones y un cielo sin Luna.
 Las nubes de Magallanes son observables desde el hemisferio sur
Las galaxias a través del telescopio Del mismo modo que al contemplarlas por primera vez con un instrumento profesional, quien dirige su telescopio hacia una galaxia sin una advertencia previa, recibe una impresión muy inferior a sus expectativas. para observar esta clase de objetos, es muy importante limitarse a las noches especialmente buenas y sin contaminación lumínica. Desde la ciudad, la localización de este tipo de objetos es muy complicada. También es fundamental la adaptación de la vista a la oscuridad, es preciso permanecer por lo menos un cuarto de hora en la oscuridad de la noche antes de acercar la vista al ocular. Es increíble lo mucho que mejora nuestra capacidad para distinguir objetos tenues después de unos pocos minutos transcurridos en la oscuridad. Al principio, la mejoría es muy rápida, por ejemplo en los primeros minutos; luego se vuelve más lenta, pero sigue siendo perceptible hasta transcurrida una media hora.
El telescopio, obviamente, debería ser tan grande como sea posible, pero no hay que pensar que una gran apertura pueda contrarrestar los efectos de las malas condiciones de observación. Incluso un telescopio extremadamente potente producirá imágenes pobres si el cielo está contaminado por las luces urbanas. para el aficionado, la mejor apertura desde el punto de vista de la relación coste-prestaciones es la de 20 cm, utilizada con aumentos bajos, como 50x o 70x.
Sin embargo, también con instrumentos menores es posible realizar observaciones interesantes, siempre que se respeten las precauciones menciaondas más arriba y que las ópticas es´ten limpias y en buen estado. Los aumentos deben mantenerse bajos sólo si el cielo es realmente muy límpido; de lo contrario es preferible recurrir a potencias más elevadas, como 80x o 100x.
Para oscurecer el fondo del cielo existen desde hace algunos años filtros para cielo profundo que aumentan el contraste y ayudan a localizar y observar este tipo de objetos tan débiles. La mayoría lo que hace es eliminar la contaminación lumínica, filtrando las longitudes de onda que no corresponden a este tipo de objetos, o bien oscurecer el fondo de alguna manera para que sea más fácilmente distinguible el astro. Tímidas manchitas Pero, ¿cómo aparecen las galaxias a través de un buen instrumento y en condiciones favorables? Las pequeñas y tenues se distinguen como manchas difuminadas (más o menos como M31 a simple vista) y resulta muy difícil adivinar su forma. En las mayores, en cambio, es posible distinguir el núcleo de las regiones periféricas y de las eventuales regiones oscuras que las atraviesan vistosamente en las fotografías. No se reconoce ningún color, a excepción de una especie de gris verde-azulado que el ojo asigna a todos los objetos situados en el límite de la percepción. Ni siquiera las estrellas más brillantes de cualquier galaxia pueden llegar a observarse, solamente las que eventualmente se proyecten en la misma dirección o supernovas de la galaxia observada. Aparte de la posibilidad de descubrir supernovas, las galaxias no son objetos de estudio ideales para el aficionado, como puedan serlo las estrellas variables o los cometas. Los estudios de nivel científico sobre las galaxias exigen profundos conocimientos astrofísicos y cosmológicos; además sólo los instrumentos profesionales permiten obtener informaciones útiles sobre su composición y estructura. Así pues, para el astrónomo aficionado, la observación de las galaxias se reduce al aspecto estético, pero este aspecto no debe ser infravalorado ni disminuido. Al fin y al cabo, los aficionados observan el cielo principalmente por placer personal, para dedicar su tiempo a la actividad que más les agrada y no necesariamente como es el caso de los profesionales, para producir datos de interés en el plano científico.
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