El anillo fantasma de Júpiter PDF Imprimir E-mail
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Domingo, 21 de Octubre de 2007 15:03

El rey de los planetas tiene también un anillo fantasma invisible desde la Tierra.

Entre las primeras sorpresas que reservaba la misión Voyager a los astrónomos planetarios, figuró el descubrimiento, entre las imágenes enviadas en 1979 por la sonda, de un anillo alrededor de Júpiter. Aún cuando había ya algunas sospechas desde 1974, cuando la sonda Pioneer 10 detectó una disminución en la densidad de partículas ionizadas de la magnetosfera de Júpiter a una distancia de entre 50.000 y 55.000 km del planeta, el anillo de Júpiter siempre había resultado invisible desde la Tierra, a causa de su tenue luminosidad.

Sistema de anillos de Júpiter


Los voyager revelaron un anillo de aspecto muy diferente al de los otros dos sistemas de anillos planetarios entonces conocidos: el de Saturno, formado por anillos muy extensos en el sentido radial y fácilmente observab les a través del telescopio desde la Tierra, y el de urano, un conjunto de anillos muy finos, pero sumamente opacos, descubiertos gracias a una ocultación estelar en 1977.

Tres componentes

Las imágenes enviadas por los Voyager mostraron que el anillo de Júpiter estaba constituido por tres componentes de diferente aspecto. hacia el exterior, hay un anillo relativamente brillante, con una longitud radial de cerca de 6.000 km; su borde externo, netamente definido, se encuentra a aproximadamente 58.000 km de la atmósfera de Júpiter, y junto a él se observa una banda un poco más luminosa que el resto, de unos 600 km de ancho. Sin embargo, el anillo intercepta como máximo un 0,01% de la luz solar, lo cual sgnifica que es prácticamente transparente; de ahí su débil luminosidad.

Anillos Júpiter Hacia el interior, el anillo no presenta un borde neto, sino que se va degradando en un disco difuso que se extiende con luminosidad decreciente desde el borde interno del anillo brillante hacia Júpiter, extendiéndose quizá hasta la atmósfera del planeta. Tanto el anillo brillante como el disco tienen un espesor no superior a los 30 km (en sentido perfendicular al plano ecuatorial de Júpiter); no obstante, ambos aparecen “inmersos” en un halo de cerca de 20.00 km de espesor y de muy débil luminosidad.

Estudiando la forma en que el anillo lominoso difunde la luz solar en diversos ángulos, se ha llegado a la conclusión de que contiene predominantemente partículas de pequeñas dimensiones, del orden de unos pocos micrómetros (o milésimas de milímetro).

Las partículas del anillo son oscuras y rojizas, como muchos de los asteroides y satélites del sistema solar externo.

Todavía más pequeñas (una fracción) son probablemente las partículas que constituyen el halo, cuyo movimento parece estar influido notablemente por el campo magnético del planeta. Inmersas en la magnetosfera de Júpiter, las partículas tienden a adquirir carga eléctrica negativa y, en consecuencia, están sujetas a fuerzas magnéticas que dependen de su velocidad y que producen efectos mayores sobre las partículas más pequeñas.

El hecho de que el eje magnético de Júpiter tenga una inclinación de cerca de 10º con respecto al eje polar hace que estas fuerzas tengan una componente perpendicular al plano del ecuador, lo cual podría explicar que las partículas más pequeñas tiendan a difundirse en un halo bastante extenso alrededor de este plano.

¿Polvo de satélites?

El espectro infrarrojo de las partículas que constituyen el anillo de Júpiter ha revelado que no son de composición helada sino que son realmente polvo de roca, formado probablemente a partir de minerales ricos en carbono. Puesto que el componente más externo y brillante del anillo se encuentra muy cerca de la órbita de las dos pequeñas lunas Metis y Adrastea (también descubiertas por el Voyager), que tienen la baja reflectividad superficial típica de los minerales carbonáceos, es probable que las partículas del anillo procedan de la superficie de los dos satélites y que hayan sido expulsadas por impactos meteoríticos. A causa de las interacciones con la radiación a que están sujetas las partículas orbitantes, se calcula que una partícula de 5 micrómetros de diámetro no podría situarse en una órbita permanente en torno al planeta, sino que describiría a su alrededor una espiral cada vez más estrella, hasta alcanzar la atmósfera en un plazo de cerca de 250.000 años, un intervalo muy breve en términos astronómicos.

Este cálculo parece quedar confirmado por el hecho de que el anillo no presenta un borde netamente definido hacia el interior sino que se va esfumando en el disco.

Así pues, el anillo es probablemente semejante a un río, en el sentido de que siempre es visible, pero está formado en cada momento por materiales diferentes.

Su fuente serían las dos pequeñas lunas, continuamente erosionadas por los impactos. Del mismo modo que un río puede experimentar crecidas de vez en cuando, una serie de impactos de proporciones mayores que las habituales podría ocasionar un aumento de la corriente de partículas de polvo en el anillo, que tal vez haya pasado en épocas lejanas por periodos de mayor esplendor.

Actualmente se calcula que la masa total del anillo equivale a la de un cuerpo rocoso de varias decenas de metros de diámetro; por otra parte, todo el material que ha pasado por él durante la historia del sistema solar apenas sería suficiente para formar un satélite de varios kilómetros de diámetro.

Última actualización el Viernes, 25 de Abril de 2008 09:59